Cuando todo paró



En marzo de 2020 cerramos por la pandemia y decidimos no pasar ni un recibo mientras durara. Al volver, en junio, no cobramos dos semanas y alargamos el curso hasta el 31 de julio para recuperar lo perdido.

Entrenadores que llevan toda la vida aquí, antiguos alumnos que ahora enseñan y familias que empujan el carro.
Detrás de cada jugador hay alguien que creyó en él.
Hay algo de lo que nos sentimos especialmente orgullosos en Sportocio, y no son los títulos, las victorias ni los años de historia. Son las personas.
Las que llegaron hace muchos años y siguen caminando a nuestro lado. Las que un día fueron alumnos y hoy enseñan a otros. Las que acaban de incorporarse y ya empiezan a sentirse parte de nosotros.
Cada uno tiene su personalidad, su talento y su propia historia. Pero todos comparten algo mucho más importante: una manera de entender el deporte basada en el cariño, el compromiso, el respeto y la ilusión por hacer bien las cosas.
Porque detrás de cada clase, de cada viaje y de cada pequeño logro hay personas extraordinarias que dan lo mejor de sí mismas, muchas veces mucho más de lo que nadie les pide.
Ellos son, sin ninguna duda, lo mejor de Sportocio. Nuestra gente. Nuestra familia.

La ilusión de construir algo grande.
Detrás de Sportocio hay una forma de entender el deporte que va mucho más allá de enseñar tenis. Carlos ha dedicado buena parte de su vida a construir un proyecto donde la formación, la exigencia y los valores humanos caminen siempre de la mano. Reconocido como mejor entrenador de Extremadura en 2018, entiende que los mayores éxitos no siempre se miden en trofeos, sino en las personas que crecen a nuestro lado y en los vínculos que permanecen con los años. Su mayor orgullo es, precisamente, el equipo humano que hace posible esta historia.

Quince años compartiendo mucho más que tenis.
Hay personas que dejan de ser simplemente compañeros para convertirse en una parte imprescindible de nuestra vida. Pablo es una de ellas. Quince años defendiendo nuestros colores, recorriendo kilómetros, compartiendo alegrías, dificultades y recuerdos que ya forman parte de nuestra historia. Capitán de nuestros equipos en competiciones nacionales, es un ejemplo de lealtad, compromiso y amor por esta escuela. Siempre presente, siempre dispuesto, siempre nuestro. Pablo no solo forma parte de Sportocio. Pablo es el alma de Sportocio.

Carácter, pasión y una manera especial de acompañar.
Alejandro tiene esa energía que se contagia y esa personalidad que deja huella. Exigente, apasionado y profundamente implicado con sus jugadores, aporta además su formación como licenciado en Psicología para ayudarles a crecer también en el aspecto mental y emocional. Los Campeonatos de España y los innumerables viajes compartidos por toda nuestra geografía hablan de su dedicación, pero es su compromiso diario el que mejor lo define. Porque detrás de su carácter y su intensidad hay alguien que siente profundamente los colores de esta familia y se entrega a ella con el corazón.

La tranquilidad de saber que siempre está ahí.
Calde es de esas personas cuya presencia transmite confianza. Cercano, comprometido y siempre pendiente de los suyos, acompaña a nuestros jugadores en su formación deportiva y personal. Como responsable de la preparación física de nuestros grupos de competición y fisioterapeuta titulado de la escuela, desempeña una labor esencial en su desarrollo y bienestar. Pero, por encima de sus conocimientos y su profesionalidad, valoramos especialmente su manera de estar, de cuidar y de implicarse. Porque tener a alguien en quien confiar plenamente es uno de los mayores regalos que puede tener un equipo.

El valor de estar siempre al otro lado.
Hay trabajos imprescindibles que no siempre reciben los aplausos que merecen. Carlos es una de esas personas que, desde la discreción, la responsabilidad y el compromiso, ayudan a que todo funcione. Su labor en la gestión diaria del club y como responsable de nuestra Liga Sportocio es fundamental para que jugadores y familias disfruten de una experiencia cada vez mejor. Detrás de cada detalle bien organizado hay tiempo, esfuerzo y dedicación. Y detrás de todo ello, una persona en la que confiamos y que forma parte esencial de nuestro día a día.

Hay historias que nos recuerdan por qué merece la pena todo esto.
La de Nacho es una de ellas. Llegó siendo un niño con una raqueta y muchas ilusiones. Creció en nuestras pistas, aprendió a competir y llegó a proclamarse campeón de Extremadura infantil. Hoy, convertido en entrenador, acompaña a otros niños que empiezan a recorrer el mismo camino que él un día comenzó. Verlo enseñar con la misma ilusión con la que aprendía es uno de esos pequeños grandes orgullos que nos regala esta profesión. Porque Nacho no volvió a Sportocio. En realidad, nunca se fue del todo.

El cariño de quien sabe encontrar belleza en los pequeños momentos.
Antonio tiene una forma especial de contribuir a nuestra historia. Además de su dedicación a la enseñanza, nos ayuda a conservar algo que el tiempo convierte en extraordinario: nuestros recuerdos. Gracias a su trabajo detrás de la cámara, tantas sonrisas, viajes, abrazos y momentos compartidos permanecen con nosotros. Su sensibilidad y su implicación forman parte de esa manera tan nuestra de vivir el deporte. Porque algún día miraremos atrás y descubriremos que muchas de las cosas más bonitas que vivimos siguen ahí, guardadas para siempre.

Hay personas buenas. Y luego están esas personas que hacen mejores a los demás.
Javi llegó a Sportocio para realizar sus prácticas de TAFAD y, casi sin darnos cuenta, se ganó un lugar en nuestra familia. Su bondad, su simpatía y esa disposición permanente para ayudar, colaborar y pensar siempre en el bien del equipo lo convierten en alguien verdaderamente especial. Hoy es el responsable de nuestros grupos de Babytenis, y cuesta imaginar unas manos mejores para acompañar a los niños en sus primeros pasos. Paciente, cariñoso y siempre con una sonrisa, Javi nos recuerda cada día que la calidad humana es, por encima de cualquier título, lo que hace grande a un entrenador.

La sonrisa que siempre queremos encontrar al llegar al club.
Juan Antonio lleva tantos años con nosotros que resulta difícil imaginar Sportocio sin él. Primero fue alumno, hasta que los problemas de espalda le obligaron a despedirse demasiado pronto del tenis de competición. Pero su historia con esta familia estaba lejos de terminar. Hoy comparte su tiempo entre el pádel de adultos y el tenis de nuestros más pequeños, demostrando una versatilidad y una entrega admirables. Y si algo le define por encima de todo, es su alegría. Esa sonrisa sincera, cercana y contagiosa que hace que cualquier día sea un poquito mejor. Juan Antonio es una de esas personas que uno agradece profundamente haberse encontrado en el camino.

Las historias bonitas también necesitan nuevos comienzos.
Miguel Ángel es una de las incorporaciones más recientes a nuestra familia, y nos hace especial ilusión que llegue de la mano de una historia tan cercana como la de su hermano Juan Antonio. Con la responsabilidad de acercar el pádel a nuestros alumnos más pequeñitos, comienza esta etapa aportando nuevas ganas, frescura e ilusión. Nos gusta pensar que Sportocio es también eso: un lugar donde las nuevas generaciones encuentran su espacio, se sienten acompañadas y pueden crecer siendo ellas mismas. Qué bonito es seguir sumando personas a las que sentir, poco a poco, como parte de los nuestros.

Hay personas que no necesitan presentación. Son parte de nuestra historia.
Alberto estaba allí cuando todo empezaba. Hace más de quince años, en aquellas primeras etapas de Sportocio en el Complejo Alcántara, ya formaba parte de nuestros primeros naranjas. Ha visto crecer esta escuela, cambiar las instalaciones, llegar nuevas generaciones y cumplirse sueños que entonces parecían lejanos. Y lo más bonito es que sigue aquí, y ha vuelto, compartiendo ese sentimiento de pertenencia que solo se construye con los años. Alberto es de los nuestros. De esas personas que nos recuerdan de dónde venimos y lo bonito que es seguir caminando juntos.
Por este equipo técnico han pasado antiguos alumnos como Natalia García o Nacho Muñoz, que aprendieron aquí antes de enseñar.







48 destinos de 2015 a 2026, por Extremadura, el resto de España y Portugal. Allí donde hay un torneo, viajan los naranjas y sus entrenadores.
















































En Sportocio la poción mágica se llama trabajo y la fuerza sobrenatural, ilusión.



En marzo de 2020 cerramos por la pandemia y decidimos no pasar ni un recibo mientras durara. Al volver, en junio, no cobramos dos semanas y alargamos el curso hasta el 31 de julio para recuperar lo perdido.

En 2019 entregamos 2.300 euros a la Asociación Oncológica Extremeña, recaudados con el álbum de cromos benéfico de la temporada 18/19, para la Unidad de Onco-Hematología Pediátrica del Hospital Materno Infantil de Badajoz.
Canal Extremadura lo contó en un reportaje con nuestros chicos y sus álbumes.



Para un club humilde, recorrer España cada verano es un esfuerzo enorme. Es posible gracias a unos padres que siempre están. Aquí no viajamos por separado: aquí somos uno.





Formación continua con los mejores. Nuestros entrenadores siguen formándose: en los cursos de la academia de Nick Bollettieri, en Florida, y en el Área de Docencia de la Real Federación Española de Tenis.
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