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Escuela de padres 15 días, una idea

  • Nº 01
  • Crecer
  • 3 minutos de lectura

Cada uno a su ritmo

En una misma categoría puede haber casi dos años de diferencia, y el estirón llega a cada uno a su hora. Por qué comparar engaña y qué mirar en su lugar.

De espaldas, una fila de niños con la camiseta naranja de Sportocio sigue un partido pegada a la valla de la pista. Unos son bastante más altos que otros.
Misma categoría, distintas alturas: los alevines del club animan a sus compañeros desde la valla. Campeonato de Extremadura alevín por equipos, 2024.

La situación

Sábado, torneo alevín. En la pista de al lado juega un chico de la misma categoría que el vuestro: le saca una cabeza, pega fuerte y gana sin despeinarse. Vuestro hijo pelea cada bola y pierde 6-2, 6-3. Y desde la grada os sale la pregunta: «¿Por qué él ya juega así y el mío no?».

La idea

Las categorías van por año de nacimiento. Esta temporada, los alevines son los nacidos en 2014 y en 2015: entre un niño de enero de 2014 y otro de diciembre de 2015 hay casi dos años. A esa edad son muchos centímetros y mucha fuerza.

59,5 % de 476 júniors de élite de todo el mundo habían nacido en la primera mitad del año. El estudio lo achaca al corte del 1 de enero.

Además, el estirón llega a cada uno a su hora, entre los 9 y los 15 años. Por eso, recuerda el Comité Olímpico Internacional, lo que un niño rinde a esas edades predice mal hasta dónde llegará.

La comparación que sí ayuda es con él mismo. En un estudio con chicos y chicas de 9 a 15 años que jugaban al baloncesto, sus entrenadores y sus familias aprendieron a medir el éxito por el esfuerzo, la mejora y el disfrute. Su ansiedad ante la competición bajó a lo largo de la temporada; en otra liga que no lo hizo, subió.

En la pista y en casa

El cuadro dice dónde está hoy, no hasta dónde llegará. Buscad sus avances y no el marcador de al lado: el revés que hace un mes no pasaba la red, el punto largo que antes regalaba. En la escuela lo decimos así: cada uno con su grupo, su pelota y su ritmo.

En casa, «tu hermana, a tu edad…» o «tu primo ya…» pesan más de lo que parece. Y si es él quien se compara, escuchadle antes de responder: no hace falta darle ni quitarle la razón.

Tres ideas para esta semana

  1. Cambiad una pregunta. En vez de «¿Y tu amigo qué tal ha quedado?», probad con «¿Qué te ha salido hoy que hace un mes no te salía?».
  2. Ved juntos un vídeo suyo de hace un año. Que sea él quien encuentre las diferencias.
  3. Un día sin rankings. Ni cuadros, ni clasificaciones, ni resultados de otros en la mesa. Que la conversación vaya de lo que él quiera.

Pequeño reto

Una situación y tres maneras de reaccionar. No hay respuestas buenas ni malas: con cada una, lo que suele pasar, y al final, lo que os proponemos.

Volvéis en el coche después del torneo. Ha perdido en primera ronda y, sin levantar la vista, os dice: «Todos mis amigos han pasado de ronda menos yo. Soy malísimo».

¿Qué le decís?

  • «No digas eso. Eres mucho mejor que ellos: hoy has tenido mala suerte».

    Sale del cariño y alivia en el momento. Pero sigue midiéndole contra los demás y le da una excusa que no puede entrenar: la suerte. Y el día que pierda con alguien «peor», ese consuelo se le vuelve en contra.

  • «Es normal: algunos te sacan casi dos años».

    Es verdad, y saberlo puede quitarle un peso de encima. El riesgo es que, dicho en caliente, suene a que nada depende de él. Como dato, más tarde y con calma, ayuda; como explicación de todo, se queda corto.

  • «Te fastidia, ¿eh?». Le dejáis hablar y, ya en casa, le preguntáis qué le sale ahora que en septiembre no le salía.

    Primero recoge lo que siente, sin corregirle; después lleva la comparación a donde es justa: él mismo hace unos meses. No siempre funciona a la primera. Si no quiere hablar, basta con estar ahí, y la pregunta puede esperar a otro día.

Lo que proponemos. Primero, escuchar el enfado sin discutirlo. Después, cuando esté tranquilo, cambiar la vara de medir: él mismo hace unos meses. Y si sale lo de la edad o la altura, contadlo como lo que es, un dato que explica parte del marcador, nunca una excusa ni una sentencia.

Para recordar

«La única comparación justa es con él mismo.»

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