La situación
Sábado, torneo alevín. En la pista de al lado juega un chico de la misma categoría que el vuestro: le saca una cabeza, pega fuerte y gana sin despeinarse. Vuestro hijo pelea cada bola y pierde 6-2, 6-3. Y desde la grada os sale la pregunta: «¿Por qué él ya juega así y el mío no?».
La idea
Las categorías van por año de nacimiento. Esta temporada, los alevines son los nacidos en 2014 y en 2015: entre un niño de enero de 2014 y otro de diciembre de 2015 hay casi dos años. A esa edad son muchos centímetros y mucha fuerza.
59,5 % de 476 júniors de élite de todo el mundo habían nacido en la primera mitad del año. El estudio lo achaca al corte del 1 de enero.
Además, el estirón llega a cada uno a su hora, entre los 9 y los 15 años. Por eso, recuerda el Comité Olímpico Internacional, lo que un niño rinde a esas edades predice mal hasta dónde llegará.
La comparación que sí ayuda es con él mismo. En un estudio con chicos y chicas de 9 a 15 años que jugaban al baloncesto, sus entrenadores y sus familias aprendieron a medir el éxito por el esfuerzo, la mejora y el disfrute. Su ansiedad ante la competición bajó a lo largo de la temporada; en otra liga que no lo hizo, subió.
En la pista y en casa
El cuadro dice dónde está hoy, no hasta dónde llegará. Buscad sus avances y no el marcador de al lado: el revés que hace un mes no pasaba la red, el punto largo que antes regalaba. En la escuela lo decimos así: cada uno con su grupo, su pelota y su ritmo.
En casa, «tu hermana, a tu edad…» o «tu primo ya…» pesan más de lo que parece. Y si es él quien se compara, escuchadle antes de responder: no hace falta darle ni quitarle la razón.
Tres ideas para esta semana
- Cambiad una pregunta. En vez de «¿Y tu amigo qué tal ha quedado?», probad con «¿Qué te ha salido hoy que hace un mes no te salía?».
- Ved juntos un vídeo suyo de hace un año. Que sea él quien encuentre las diferencias.
- Un día sin rankings. Ni cuadros, ni clasificaciones, ni resultados de otros en la mesa. Que la conversación vaya de lo que él quiera.
